Skip to main content
Tu valoración Promedio (21 votos)

Objetivos

Descubrir en quién o en qué tenemos puesta nuestra confianza: ¿en Jesús o en las cosas?. Recordar que Jesús nos quiere y por eso nos pide lo que nos va a hacer felices: cumplir sus mandamientos y poner en Él nuestra confianza. Esforzarnos por conseguir no las cosas de la tierra sino los tesoros del cielo.

Reflexión

"Bendito el hombre que confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será como un árbol plantado junto al agua, que alarga hacia la corriente sus raíces; nada teme cuando llega el calor, su follaje se conserva verde; en año de sequía no se inquieta ni deja de dar fruto." (Jeremías 17,7-8) ¿Os imagináis este árbol? [...] [Cada uno puede hacer un dibujo del árbol junto al agua con sus raíces y sus frutos, o llevar fotos de árboles con frutos y árboles secos. ] ¿Qué árbol prefieres; un árbol con frutos o sin frutos, un árbol verde o seco? [...] Yo prefiero el árbol verde y con buenos frutos. Pues, la Palabra de Dios dice que para ser así hay que poner toda la confianza en el Señor. Hoy os voy a contar la historia de un joven que se encontró con Jesús y que no tenía puesta toda su confianza en el Señor. Este joven tenía su confianza puesta en las cosas de la tierra.

"Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" (Mc 10,17). Nuestro protagonista corrió hacia Jesús, como muchos de los personajes que hemos visto durante este año que buscaban escuchar su Palabra , buscaban salud, perdón, consuelo, amor ... Hoy este joven busca algo mucho más grande, algo más perfecto, algo que dura para siempre: la vida eterna. Y parece muy dispuesto a cumplirlo. "Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto , honra a tu padre y a tu madre". (Mc 10, 18-19). Para conseguir la vida eterna , Jesús le dice dos cosas. La primera de ellas: cumplir los mandamientos. ¿Es fácil? [...] La verdad, es que es difícil cumplir todos los mandamientos, seguro que en ocasiones hablamos mal de algún compañero, o no somos justos o desobedecemos a nuestros padres o ... Pues ya sabemos qué hacer si queremos la vida eterna y queremos ser un árbol que dé buenos frutos; Jesús nos dice que cumplamos los mandamientos.

Ahora viene la segunda parte. "Él, entonces, le dijo: "Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud". Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: "Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme." (Mc 10,20-21) La segunda cosa era desprenderse de sus riquezas, desprenderse de las cosas materiales en las que el joven tenía puesta su confianza. Los bienes como son la casa, el coche, el trabajo, los estudios, el dinero, la ropa, los juguetes, los libros, la familia, los amigos , ..., hasta el tiempo, son buenos, porque son de Dios. Son medios que Dios nos ha dado, que nos tienen que servir para hacer el bien y acercarnos a Dios y a los demás. Si nos separan de Dios, si hacen que nos olvidemos de los demás y nos vuelven egoístas y avariciosos entonces ya no son buenos. Por eso Jesús le pide al joven que se desprenda de sus bienes. ¿Y qué hace el joven? [...] "Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes" (Mc 10,22) Nuestro protagonista rechaza la invitación de Jesús. Se da cuenta de que no puede servir a Dios y a sus bienes materiales. Tiene que elegir y prefiere sus riquezas antes que a Dios y la vida eterna. Jesús nos hace libres para decidir si queremos seguirle o no, si queremos poner en Él toda nuestra confianza o no. ¿Tú, qué vas a decidir? [...] Jesús te está esperando y como al joven rico, te mira y te quiere. Y está dispuesto a ayudarte en todo. El joven se marcha triste, y es que separados de Dios no podemos tener la alegría verdadera.

AdjuntoTamaño
2007_18_dinamica.doc24.5 KB