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Objetivos

Descubrir la importancia y el respeto que merece el nombre de Dios y el nombre de cada persona.

Reflexión

Recuerdo cuando nació el último de mis hermanos. Mis padres hicieron dos listas de nombres, una con nombres de chica y otra con nombres de chico. Cada uno podía decir varios nombres y los escribíamos en la lista. Tachábamos los nombres que no nos gustaban y votábamos los nombres que más nos gustaban. Era un privilegio poder elegir el nombre de mi hermano y a la vez una gran responsabilidad. Un nombre es algo muy importante. Todos tenemos un nombre, un nombre que nos identifica, un nombre por el que nos llaman en casa, en el colegio, los amigos.... Posiblemente tu nombre está escrito en las listas del colegio o en el buzón de casa o en el carnet del polideportivo o en la mochila o... Tienes un nombre con el que firmas los trabajos de clase y los exámenes. Te gusta que te llamen por tu nombre. Te gusta que alguien diga "yo soy amigo de..." y mencionen tu nombre.

Dios también tiene un nombre. Y su nombre es muy importante. Dice el Salmo 8,2: "Señor, Dios Nuestro, ¡qué admirable es tu nombre por toda la tierra!". El nombre de Dios es admirable. ¿Qué significa admirable? [...] Yo he buscado sus sinónimos en el diccionario y son: ejemplar, brillante, espléndido, genial, inteligente, magnífico, sobresaliente, agradable, amable, delicioso, encantador, fascinante, maravilloso,... Así es el nombre de Dios. Pero estas serían sólo las calificaciones naturales, faltan todavía las sobrenaturales. El nombre de Dios es puro, es santo, es eterno, es verdadero, es justo, es fiel, es poderoso, es inigualable, ... Jesús llamó a Dios con un nombre muy especial, ¿cómo le llamó? [...] Le llamó Padre. Jesús nos enseñó que podíamos llamar a Dios ‘Padre’ y que su nombre era santo. Jesús "dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre" (Lc 11,2). El nombre de Dios representa a Dios mismo. De la misma forma que cuando dicen tu nombre se refieren a ti en toda tu persona, así el nombre de Dios hace referencia a todas las cualidades de Dios. El nombre de Dios merece gran respeto, admiración y adoración: "Cantad a Yahvé, bendecid su nombre" (Sal 96,2), "¡Bendito el nombre de Yahvé, desde ahora y por siempre! " (Sal 113,2).

El nombre de Jesús, el Hijo de Dios, también es un nombre muy importante. Dios mismo eligió su nombre: "No temas, María,... vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo" (Lc 1,30-32). El nombre de Jesús merece el mismo respeto, admiración y adoración que el nombre del Padre. Pues, aunque son dos personas diferentes, son el mismo y único Dios. A Jesús se le dan muchos nombres, todos ellos dignos de respeto. Jesús es el Emmanuel -Dios con nosotros-, el Mesías, el Señor, el Pastor, el Ungido, el Rey de reyes y Señor de señores, el Príncipe de paz, el Salvador, Redentor, el elegido de Dios: "Mi elegido en quien se complace mi alma" (Is 42,1), el Santo,...

Dios da mucha importancia a los nombres. Cuando Dios llama alguien y le da una misión especial, también le da o le cambia el nombre. Abram se convierte en Abraham, Saray en Sara y Simón en Pedro. Abraham, por ejemplo, significa "padre de multitudes" y él es el padre en la fe de todos los creyentes. Dios da también un nombre especial al hijo de Zacarías e Isabel, según su misión,… ¿quién lo recuerda? [...] Es Juan. "El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien pondrás por nombre Juan;... será grande ante el Señor;... estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y convertirá al Señor su Dios a muchos de los hijos de Israel e irá delante de él... para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto»" (Lc 1,13-18).

Dios nos llama a cada uno por nuestro nombre, como le dijo a Isaías: "No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío" (Is 43,1). El nombre de todo hombre es sagrado. El nombre es la imagen de la persona. Exige respeto en señal de la dignidad del que lleva ese nombre. Dice el Apocalipsis que recibiremos un nombre nuevo, un nombre de eternidad: "Al vencedor... le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe" (Ap 2, 17).

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