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Objetivos

Aprender de Abraham, un hombre que obedeció a Dios porque confiaba en Él.

Reflexión

¿Recordáis a Noe? […] “Ésta es la descendencia de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, a quienes les nacieron hijos después del diluvio” (Gn 10,1). Luego Sem, el hijo de Noé, tuvo hijos y nietos y bisnietos y así hasta llegar a Téraj. “Téraj engendró a Abrán, a Najor y a Harán. Harán engendró a Lot. Harán murió en vida de su padre Téraj, en su país natal, Ur de los caldeos. Abrán y Najor se casaron. La mujer de Abrán se llamaba Saray” (Gn 10, 27-29).

Y con Abrán (Abraham) aprenderemos las lecciones más importantes de la vida, más que las matemáticas, la historia o el inglés. De Abraham aprenderemos la importancia de la fe y la obediencia a Dios. Comienza Dios hablando a Abraham y le dice: “Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra.” (Gn 12,1- 3). 

Vivía Abraham en la ciudad de Ur, cerca de los ríos Tigris y Eufrates, cuando Dios le pidió el sacrificio de alejarse de su tierra, que era muy fértil, y de su hermosa ciudad e irse a un país desconocido y desértico, lejos de familiares y amigos. ¿Qué hizo Abraham? […]. “Marchó, pues, Abrán, como se lo había dicho Yahvé, y con él marchó Lot. Tenía Abrán setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Tomó Abrán a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la hacienda que habían logrado y el personal que habían adquirido en Jarán, y salieron para dirigirse a Canaán” (Gn 12, 4-5). Seguramente Abraham estaba muy cómodo, seguro y feliz en su tierra y su hogar, pero Abraham amaba más a Dios que a su hogar. Abraham tiene delante dos caminos y debe tomar una decisión: quedarse en su casa o aceptar la voluntad de Dios que le dice: “vete de tu tierra”. La decisión no es fácil pero Abraham confía en Dios y le obedece.  Cada día tenemos que tomar decisiones, debemos elegir entre decir la verdad o la mentira, entre perdonar o guardar rencor, entre quejarnos o dar gracias, entre jugar o estudiar,… ¿qué decisión tomamos?, ¿qué habría hecho Abraham?, ¿qué es lo que Dios espera? […].

Abraham sale de su tierra con su familia, con el personal y todos sus animales. Y no se van en un camión o en avión, se van caminando o montados en camellos. Pero, ¿a dónde van?. Dios dijo a Abraham que se fuera, pero no le dijo a dónde, por eso Abraham caminaba fiándose de Dios, en fe. Supongo que Sara, su mujer y Lot, su sobrino, le preguntarían ¿dónde vamos?, ¿cuánto falta?, ¿cuándo llegaremos?. Pero Abraham no podía responder a ninguna de sus preguntas porque él no lo sabía. Él sólo sabía que debía obedecer y fiarse de Dios. Abraham viajó a muchos lugares. Pero Dios le indicó que no se quedara en ninguno de ellos. Y un día Abraham llegó a una tierra llamada Canaán. Esta tierra tenía altas montañas y verdes valles. Canaán era un lugar hermoso. Y Dios le habla a Abraham diciendo: “daré esta tierra a tu familia”. El fiarse de Dios, ¡funciona!. Abraham tenía su tierra verde.

Dios da una orden, un mandato a Abraham, pero junto con el mandato le promete una bendición, un regalo. Dios le dice: “De ti haré una nación grande y te bendeciré ” (Gn 12, 2)  y cuando Abraham llega a Canaán le dice: “Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el oriente y el poniente. Pues bien, toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia por siempre. Haré tu descendencia como el polvo de la tierra: tal que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tu descendencia. Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo he de dar” (Gn 13,14-17). Dios le promete una gran tierra y una gran descendencia. Y además dice la Biblia que Abraham era muy rico en ganado, plata y oro (Cf. Gn 13 ,2). Dios no abandonó a Abraham en su viaje sino que le dio todo cuando necesitó y cumplió su promesa dándole esa tierra de Canaán. En el próximo tema veremos cómo Dios también cumple con la promesa de una descendencia. Porque como dice Eclesiástico 2,10 “¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?” y la respuesta es: nadie. ¡Cuántas promesas y bendiciones de Dios nos perdemos porque no cumplimos sus mandatos!

Señor ayúdanos a cumplir tus mandatos, a confiar en ti y a poner nuestra fe en marcha cada día como Abraham. No queremos perdernos tus promesas y bendiciones para nosotros y nuestras familias. Haz crecer nuestra fe. Gracias Señor.
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