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16. No matarás la dignidad de las personas

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Objetivos

Evitar los insultos, las calumnias y las discusiones que hacen daño a los demás matando su dignidad.

Reflexión

Comencemos jugando a las "sillas musicales". Se colocan sillas para todos los jugadores menos para uno. Las sillas forman un círculo con los respaldos hacia dentro. Los jugadores se colocan en pie delante de las sillas. Cuando empieza a sonar la música, los jugadores giran alrededor de las sillas siguiendo el ritmo. En el momento en que para la música, todos intentan sentarse en una de las sillas. Pero uno se quedará sin silla. Quien se queda sin asiento está eliminado. Continúa el juego quitando otra silla. Y así hasta que sólo quede una silla y dos jugadores.

Durante el juego, tal vez algunos jugadores se hayan empujado por conseguir la silla. Otros jugadores puede que se hayan insultado llamándose tramposos... Todos tenemos la lengua muy larga. En el recreo del colegio es fácil escuchar insultos muy variados. Los insultos "matan" a las personas. Los insultos hacen daño a las personas. Por ejemplo: si a un compañero le cuesta mucho comprender las matemáticas y tú le repites día a día que es un torpe y un inútil, tus insultos hacen que tu compañero se sienta desanimado, triste, inferior... Tus insultos están matando su vida, su alegría, su inteligencia, su ilusión. ¿Por qué insultamos a los demás? [...] Tal vez creemos que insultando a los demás somos más mayores, somos más poderosos y la gente nos tendrá más respeto. Es todo lo contrario, nos convierte en cobardes y perdedores. No podemos ganar amigos con insultos. Si la persona no te cae bien, es mejor mantener la boca cerrada que abrirla para insultar. "No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen" (Ef 4, 29).

Otro ejemplo. Imagina que ha venido a clase un compañero nuevo que es muy listo y saca muy buenas notas. No te cae bien, te ha robado el protagonismo en clase. Se te ocurre una idea: "diré a todos que está repitiendo curso, aunque no sea cierto". Esto es mucho peor que un insulto es una calumnia. La calumnia dice el diccionario que es una acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño. Si has mentido sobre alguien debes restaurar la mentira diciendo a todos la verdad.

Hay veces que nos enfadamos tanto con alguien que acabamos discutiendo, chillando, riñendo. Las riñas son una forma de hacer daño a los demás. Las riñas siempre empiezan por cosas pequeñas [Poned ejemplos]. El problema viene cuando no sabemos parar la discusión y se hace más grande y más grande. En las noticias se oye cómo una riña ha terminado con un navajazo, con el destrozo de un local, con la muerte de algún joven, con algún herido... Lo mejor es cortarlas desde el principio, sin permitir que se hagan grandes, y aunque pienses que tienes la razón, no merece la pena conseguir la razón con una discusión. La Palabra de Dios nos recuerda que no son obras del Espíritu sino de la carne: la ira, el odio, la discordia, la división... (cf Ga 5,19-20). Nuestras obras deben ser las el Espíritu: "amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí" (Ga 5,22-23).

Si te han ofendido de alguna forma, con insultos, con calumnias,... es necesario saber perdonar. Como dice san Pablo: "vence al mal con el bien" (Rm 12,21). Jesús nos ha enseñado a perdonar a nuestros enemigos. "Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial" (Mt 5,44-45). Él fue el primero que perdonó a los que le habían insultado y maltratado. Jesús no se vengó, Jesús perdonó.

Por último hablaremos del escándalo. Cuando alguien hace algo malo o dice algo malo, los demás al verlo quedan escandalizados, asombrados, asustados del mal. Por ejemplo: es un escándalo sacar una pancarta a favor del asesinato. El escándalo puede llevar a obrar el mal a los demás. No debemos ser motivo de escándalo para los demás. Que las cosas que hagamos o digamos no escandalicen a los demás. "Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos!" (Mt 18,6-7).

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