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Objetivos

Descubrir que todos queremos vivir y que todos tenemos derecho a la vida. Conocer las formas de matar al prójimo: el asesinato y el aborto.

Reflexión

Comencemos jugando. Se trata de imitar lo que hace el que dirige el juego. Éste debe correr y todos le imitan, luego saltar y todos saltan, peinarse, estudiar, leer, cantar, reír, llorar, abrazar, ... El que se equivoque de gesto pasa a dirigir el juego. ¿Te gusta estar vivo? [...] ¿Por qué? [...] ¿Qué puedes hacer con tu vida? [...] ¿Te gusta cumplir años? [...] Sí, nos gusta cumplir años y hacernos mayores. Nos gusta jugar, correr, reírnos,... Nos gusta querer a los demás y que los demás nos quieran. Nos gustan muchas cosas y todavía nos quedan otras muchas por descubrir. Dios nos ha dado la vida y debemos aprovecharla al máximo, vivirla desde su mandamiento: "amarás al Señor tu Dios...y ...a tu prójimo como a ti mismo" (Mc 12,30-31). Está claro que queremos vivir. ¿Y los demás quieren vivir? [...] Sí. Los bebés quieren vivir, pero como no saben hablar no pueden decirlo; los niños quieren vivir; los adolescentes que atraviesan un camino de dudas, preguntas y rebeldías, también quieren vivir; los jóvenes deben vivir y poner toda su energía a funcionar para construir el Reino de Dios; los adultos quieren vivir cuidando y disfrutando de sus familias; los abuelos quieren vivir disfrutando de su jubilación y de sus nietos, pero saben que algún día Dios los llamará para estar en su presencia, en la otra vida. Todos queremos vivir.

¿Te gustaría que alguien te quitara la vida porque no puedes correr o porque no eres tan inteligente como los demás o porque estás enfermo en la cama y no produces dinero para la sociedad o simplemente porque no piensa como tú? [...] Dice Dios: "No quites la vida del inocente y justo" (Ex 23,7). Parece imposible que los hombres nos quitemos la vida de unos a otros, pero es así. Más aún, hay países en continua guerra, hay hombres que matan a sus esposas, madres que matan a sus hijos no nacidos y a sus hijos nacidos, hermanos que se matan entre sí como Caín y Abel. "Caín dijo a su hermano Abel: Vamos afuera. Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató" (Gn 4,8). Y Dios manifestó la maldad de este asesinato: "¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano" (Gn 4,10-11). El corazón de Dios sufre al ver que sus hijos se matan, al ver que no saben vivir en paz, respetándose, amándose y perdonándose unos a otros. "Revestios... de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro" (Col 3,12-13). Viviendo así, se evitarían muchas muertes.

Dios prohíbe matar y también las leyes de los países lo prohíben. El artículo 128 del código penal de España dice: "El que matare a otro será castigado, como reo de homicidio, con la pena de prisión de diez a quince años". Y el artículo 15 de la Constitución Española dice: "Todos tienen derecho a la vida y la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra". Por tanto, está prohibido matar, someter a tortura y a malos tratos. No sólo el que mata comete pecado, sino también los que colaboran voluntariamente con él. En España no está permitida la pena de muerte, pero en otros muchos países sí. La pena de muerte es un castigo que se pone a los asesinos o criminales, el castigo consiste en quitarles la vida. ¿Puede el hombre decidir quitar la vida a un criminal? [...] Este es un debate abierto en muchos países. Yo, como cristiana, me alegro de que en mi país no esté permitida la pena de muerte.

Se permite la muerte del prójimo en caso de defensa propia con el fin de conservar la propia vida y en caso de no existir otra forma de defensa. La autoridad pública también puede matar al criminal para defender a los demás.

Hay otra forma de matar que muchos piensan que no lo es, se trata de matar a un bebé antes de nacer. Esta forma de matar se llama abortar, pero la sociedad lo llama "interrupción voluntaria del embarazo". La vida del bebé no es la de la madre, sino la suya propia, y tiene derecho a nacer, tiene derecho a que se le respete como se debe respetar la vida de un adulto. Las mujeres que abortan dicen que ellas hacen de su cuerpo lo que quieren; pero el feto no es una verruga que se quita porque me molesta o porque me afea, el feto es nueva vida que se ha formado en el vientre de una madre, no le pertenece a ella, pertenece a la especie humana, pertenece a Dios.

Algunos bebés no llegan a nacer por circunstancias naturales, se mueren en la tripa de su madre, esto se conoce como aborto natural. En este caso el hombre no decide acabar con la vida del bebé, y por tanto no es un pecado. El aborto natural produce dolor en los padres que han perdido a ese hijo que esperaban y querían. Si Dios permite esas situaciones, debemos seguir confiando en Él, porque todo lo permite para bien de los que le aman (cf Rm 8, 28).

Pero la realidad de nuestros días es que muchas mamás o papás quieren acabar con esa vida. Se aborta por varias razones: la más común es porque no se desea tener ese hijo y se decide tirarlo como si se tratara de una basura. Otra razón para abortar es porque el bebé que va a nacer no está sano. En ningún caso podemos aceptar matar al feto voluntariamente. Por ejemplo: A una señora italiana, Marisa Ferrante, en el cuarto mes de embarazo el ginecólogo le recomendó que abortase pues iba a dar a luz una niña con malformaciones: un auténtico monstruo. Ella no quiso abortar, y cuando su «monstruo» cumplió veinte años, fue elegida Miss Italia 1995.

Sobre el aborto ya tratamos en el curso 2005-2006; podéis revisar los temas 31 y 32.

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