Objetivos
Descubrir la importancia de la familia. Reconocer los deberes que los padres tienen con nosotros, sus hijos.
Reflexión
¿Recuerdas cuando tenías un año? [...] Es imposible que te acuerdes. Pero tus padres seguro que se acuerdan muy bien del día que comenzaste a dar tus primeros pasos y a pronunciar tus primeras palabras. ¿Cuáles serían tus primeras palabras? [...] ¡Papá!, ¡mamá!,.... Papá y mamá eran seres indispensables para ti. Si tenías hambre, mamá o papá te daban de comer, si tenías frío te abrigaban, si estabas enfermo te llevaban al médico,... Tal vez un fin de semana tus padres te dejaron con los abuelos o los tíos o unos amigos y tú echabas de menos a tus papás. Tus padres te enseñaron las primeras palabras, te hablaron de Jesucristo, rezaron contigo antes de ir a dormir, te compraron juguetes y libros, te enseñaron a hacer la cama, a atarte los cordones de las zapatillas, a lavarte la cabeza,.... Al ir creciendo, tus padres se preocupan por tus estudios y te ayudan con los deberes, se preocupan por tus amistades, por situaciones peligrosas en las que podrías caer, por tu fe... Al crecer, descubres que tus padres no son perfectos y que tal vez te gustaría que fueran de otra manera. También ellos ven a un hijo que les da a veces más tristezas que alegrías. Pero...
El secreto está en el amor mutuo, en saberse aceptar los unos a los otros con sus cualidades y defectos, pero esforzándonos todos en amarnos. Y aquí van varias definiciones del amor: "Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, antes bien procurando el bien mutuo y el de todos" (1 Ts 5,15). Procurad el bien de todos, de papá, de mamá y de mis hermanos… ¿difícil? [...] "Soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó..." (Col 3,12). Perdonarnos unos a otros…. ¿difícil? [...] Con "humildad, dulzura y paciencia" (Ef 4,2). Humildad, dulzura y paciencia. Sí que es difícil, por eso debemos acudir a buscar el amor a la única fuente: Dios. Él no pide nada imposible, Él te dará el amor que necesitas para vivir en familia. Tu familia es un regalo, un don de Dios, una pieza de gran valor: cuídala.
El cuarto mandamiento habla de la familia, de cómo deben ser las relaciones de los padres y los hijos. La familia es muy importante para Dios. Los pájaros ponen los huevos y las mamás los incuban hasta que nacen, les dan el alimento, los empujan a volar por ellos mismos y los protegen de otros animales con su propia vida. Los pajaritos no sobrevivirían sin su nido y sus papás. Los hombres también necesitamos la familia. La familia es el mejor refugio y la mejor escuela. Cuando Dios pensó en enviar a su hijo Jesús a la tierra, lo puso en una familia. Jesús estuvo hasta los 30 años con su padre en la tierra José y su madre María. Jesús tenía una familia. ¿Cómo sería su familia? [...] Seguro que María y José amaron, cuidaron y educaron muy bien a Jesús. Y, ¿crees que Jesús sería un buen hijo? [...] "Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres" (Lc 2,52).
El cuarto mandamiento habla del deber de los padres con los hijos y de los hijos con los padres. Hoy vamos a hablar del deber de los padres con los hijos y en el próximo tema hablaremos de los deberes de los hijos con los padres.
Los padres deben educar a sus hijos en las virtudes y la fe, deben enseñarles a ser pacientes y tener dominio de sí mismos, a ser responsables, a buscar la verdad y la justicia, a entrenar su voluntad,... Tus padres no siempre te concederán todos tus caprichos, sino que te corregirán en la forma de hablar, te ayudarán a tomar decisiones y a que aceptes las consecuencias de lo que has elegido,...
Tus padres deben proporcionarte la formación necesaria, formación intelectual, social y religiosa; y será tu deber aprovechar y esforzarte en esa formación. "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la exhortación según el Señor" (Ef 6,34).
Tus padres te corregirán y a veces deberán castigarte para que te esfuerces la próxima vez y mejores cada día. "Quien ama (al hijo) se apresura a corregirlo" (Pr 13,24). Los padres te corrigen porque te quieren y quieren lo mejor para ti. "El hijo sabio acepta la corrección paterna" (Pr 13,1). "El que educa a su hijo, tendrá muchas satisfacciones, y entre sus conocidos se sentirá orgulloso de él" (Pr 30,2).
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