Temas que preparan el corazón para la conversión, como clave del encuentro con Dios, y ayudan a dar los primeros pasos de crecimiento en relación con él.
Ed CCS, 144 p.
Autor: Maximiliano Calvo.
Primera edición 1999. Quinta edición 2003.
Caminar en la Verdad
15. HACERSE DISCÍPULO
1. Venid conmigo
Pedro, como nosotros, buscaba ser feliz, y en su corazón tenía la necesidad de amor y de vida eterna. Un día apareció por la orilla del lago donde faenaba alguien que no conocía; mucha gente se agolpaba alrededor de él para escucharle.
Se quedó quieto para intentar oír lo que aquel hombre decía. Su voz era firme y dulce a la vez, hablaba como quien tiene autoridad y no como los escribas que él oía cuando la pesca le permitía ir a la sinagoga. Cuando pudo escuchar sus palabras, todavía se asombró más, porque aquel Maestro parecía conocer lo que había en su corazón, y daba la respuesta a todas las inquietudes y preguntas que Pedro llevaba en su interior. Nunca había visto a nadie igual, irradiaba vida, verdad, amor... y sin embargo, su apariencia era de lo más sencilla. Tan sorprendido estaba, que casi no se dio cuenta de que aquel hombre había llegado hasta donde se encontraban él y su hermano Andrés. El Señor se les quedó mirando, y les dijo: ''Venid conmigo'... Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron' (Mt 4, 19-20).
Jesús llamó a Pedro para ser discípulo suyo; lo que hizo entonces el Señor con Pedro y tantos de su generación, lo hace también hoy: nos llama a cada uno por nuestro nombre, para ser discípulos suyos. Más aún, el Maestro envió a los discípulos que preparó, con
una misión muy concreta: 'Id y haced discípulos a todas las gentes... enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado' (Mt 28,19-20).
La iniciativa en esta elección no parte de nosotros, sino de él: 'No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros' (Jn 15,16). Su llamada no es precisamente por nuestros méritos, sino por pura gracia suya, como nos recuerda Pablo: 'Nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su gracia' (2 Tm 1,9).
2. Ser cristiano es ser discípulo de Jesús
A veces se denomina cristianos a los que no lo son. Si aclaramos los conceptos veremos por qué. Ser discípulo, en tiempos de Jesús, era mucho más que ser alumno. Un alumno se limita a aprender enseñanzas, pero el discípulo es un adepto, un seguidor, un imitador del maestro. El discípulo estaba llamado a vivir con el maestro y como el maestro.
Los que seguían al Señor Jesús y vivían su doctrina, se les llamaba discípulos de Jesucristo. Solo más tarde se les empezó a conocer con el nombre de cristianos: 'En Antioquía fue donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de cristianos' (Hch 11,26). Esto quiere decir que el cristiano verdadero es un discípulo, es decir, alguien que sigue al Señor Jesús (¡no sólo los domingos!). Pero hoy, entre los llamados cristianos, existen:
El bautizado. Es aquel que recibió el sacramento del bautismo nada más nacer, tal vez ha hecho la primera comunión y hasta se 'ha casado por la Iglesia'. Es posible que asista a alguno de los cultos ordinarios o tal vez dejó hace tiempo su relación con Dios y con la Iglesia.
- El convertido . Es aquel que ha escuchado la Palabra de Dios y ha reconocido y aceptado a Jesús como su Salvador y Señor en algún momento de su vida, pero no ha adelantado buscando un crecimiento hacia la madurez de Cristo. Tal vez se ha acomodado en una vida de cumplimiento. Su conversión fue real, pero no se ha desarrollado.
- El discípulo. No sólo es bautizado y convertido, sino que además está viviendo su cristianismo con autenticidad, tratando de conocer y hacer la voluntad de Dios en su vida y de someterse a su Palabra. Se convirtió y sigue creciendo en su conversión.
Jesús les dijo 'a los que habían creído en él: 'Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos' (Jn 8,31). En una sola frase resumió las condiciones para ser discípulo suyo:
- Creer en él. La fe es la base para toda nuestra relación con Dios. No seguiremos a alguien en quien no creemos.
Mantenerse en su Palabra. Esto es mucho más que un acercamiento esporádico a la Escritura; implica una permanencia en la Palabra que se tiene que traducir en obediencia. Para esto es necesario:
Callar. Guardar silencio interior y exterior delante de aquel que todo lo sabe y puede, para poder acoger todo lo que quiere mostrarnos.
Escuchar, porque Dios esta deseando comunicarse con el hombre. El único problema somos nosotros, que no nos paramos a acoger todo lo que él quiere decirnos, especialmente a través de las palabras de la Escritura. Para poder escuchar a Dios es necesario haber tomado la firme decisión de hacer su voluntad en todos los aspectos de nuestra vida.
Obedecer. Contrastar nuestra vida con la Palabra de Dios y tenerla como norma de conducta es la clave para nuestra vida cristiana. Tenemos que poner todo nuestro esfuerzo en vivir todo el evangelio, y evitar quedarnos sólo con lo que nos interesa.
5. Ser cristiano es ser discípulo de Jesucristo.
Nunca dijo Jesucristo que fuera fácil ser discípulo suyo, pero es posible y merece la pena. Su invitación es clara y contundente:
'Decía a todos: 'Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?' (Lc 9, 23-25).
El Señor sabe que sólo cuando le seguimos encontramos nuestra plenitud. Aún así, su oferta es una invitación que requiere una respuesta libre y personal. Siendo el Rey de Reyes, se limita a invitarnos: 'Si alguno quiere...'
Al lado de nuestra respuesta afirmativa está su apoyo incondicional: él promete estar con nosotros hasta el final de los tiempos y enviarnos la fuerza del Espíritu 'para que esté con vosotros para siempre' (Jn 14,16). Eso sí, si queremos ser sus discípulos no podemos serlo a medias, a no ser que queremos oír también una reprimenda: '¿Por qué me llamáis: 'Señor, Señor', y no hacéis lo que digo?' (Lc 6,46).
Ser cristiano es ser discípulo de Jesucristo.
Un discípulo es el que cree en Jesús, trata de conocer y hacer la voluntad de Dios en su vida, y de obedecer su Palabra.
TEXTOS PARA REFLEXIÓN: a) Mt 7,24-27; b) Jn 13,34-35; c) 1 Jn 2,6.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
1.
2.
3.
¿Qué vas a cambiar a partir de ahora?¿Cuál de las características del discípulo te es más difícil vivir?¿Dónde crees que te encuentras, entre los bautizados, los convertidos, o los discípulos? ¿Por qué?
