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Al Señor tu Dios adorarás

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En la obra se intenta enfocar la postura del creyente hoy bajo el prisma de la adoración. La buena relación con Cristo y con Dios es posible a través de la adoración.

 Ed CCS, 232 p.

Autor: Maximiliano Calvo.

Primera edición 2002. Quinta edición 2009.


 

 

 

  

 Al Señor tu Dios adorarás

 

 

 

Capítulo 21.

Convertidos

 

 

«Desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos»

(Jl 2,13)

  

Si hay una palabra especial, una palabra de la que no puede prescindir ningún hombre que quiera acercarse a Dios, esa palabra es 'conversión'. Sin verdadera conver­sión no es posible la verdadera adoración. Al margen de que hoy se hable poco o a la ligera de conversión, ésta si­gue siendo la llave que abre la puerta principal para en­trar en la casa del Señor. No importa que no resulte agradable a los oídos de los hombres; la palabra revelada sigue hablando de conversión, aunque muchos cristianos de nuestros días estén tratando de buscar otros métodos más sofisticados y menos incómodos o traten de lavar el corazón haciendo obras sociales, Dios sigue llamando a la conversión. Debería hacernos pensar más el ejemplo de aquellos a quienes debemos imitar y la enseñanza de la Escritura, que nunca pasa, aunque pasemos los hom­bres y los tiempos: 

 

·          ¿No nos dice nada el hecho de que en la Antigua Alianza Dios hable a su pueblo por los profetas y les diga repetidamente: «Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta» (Ez 33,11)?

 

 

·          ¿No nos llama la atención el hecho de que Juan Bau­tista, el precursor del Mesías, proclame insistente­mente en el desierto de Judea: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos» (Mt 3,2)?

 

·          ¿No quiere decir nada el principio de la vida pública del Maestro, cuando se supone que se anuncia el pro­grama que va a llevar a cabo durante su misión en la tierra? Pues  empezó «Jesús a predicar y decir: 'Con­vertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado'» (Mt 4,17).

 

·          ¿Tampoco nos dice nada el hecho de que el Maestro enviara a sus discípulos a predicar y que ellos «predi­caron que se convirtieran» (Mc 6,12)? ¿Será pura anécdota que antes de volver al Padre, el Maestro recordara a sus discípulos que el tema de la conversión debería estar en el centro de su predica­ción? Esto es lo que les dijo: «Está escrito que el Cris­to padeciera y resucitara de entre los muertos al ter­cer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, em­pezando desde Jerusalén» (Lc 24,46-47).

 

·          ¿Será casualidad que los primeros discípulos predica­ran a Jesucristo y enseñaran que el modo de acercar­se a él pasaba necesariamente por la conversión? Así lo hizo Pedro el día de Pentecostés, pues los que Escuchaban, al oír el anuncio de la Buena Nueva: «dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: '¿Qué hemos de hacer, hermanos?' Pedro les contestó: 'Convertíos'» (Hch 2,37-38). Y volvió a decirlo cuando predicaba al pueblo: «Arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados» (Hch 3,19).

 

Es posible que el primer estorbo para llegar a la ado­ración sea la falta de conversión, como es posible que el primer problema que tenemos con la conversión es que no le damos la importancia que tiene. A partir de ahí ya no nos esforzamos demasiado por vivirla, ni por predi­carla cuando debemos, ni por llevar la gente a la conver­sión en vez de atraerla hacia nosotros o llevarla a nuestro redil. Si no nos convertimos —y con todas nuestras fuer­zas—, la adoración no pasará de ser una ilusión, un acto puramente externo o una meta a la que no podremos lle­gar mientras nos falte el combustible de la conversión.

 

 

ÍNDICE 

 

 

                Introducción

                I. ¿Qué sabemos de la adoración?

1.       Lo que no es adoración

2.       ¿Qué es adoración?

3.       La adoración ¿es para hoy?

4.       La adoración es un don

5.       La adoración es un privilegio

6.       La adoración es un misterio

7.       Encuentro sorprendente

8.       Buscar a Dios

9.       El camino del silencio

10.    El camino de la escucha

11.    El camino de la obediencia

 

II. ¿Capacitados para la adoración?

 

12.    Obstáculos y carencias

13.    Diversidad de obstáculos

14.    Un corazón enfermo

15.    El pecado personal

16.    La idolatría

17.    El orgullo

18.    La mente doble

19.    La rutina

20.    El engaño

21.    Convertidos

22.    Habiendo perdonado

23.    Reconciliados

24.    En unidad (I)

25.    En unidad (II)

26.    Conciencia de pecadores

27.    Conciencia de criaturas

28.    Conciencia de hijos

29.    Disponibilidad

 

III.    Ante el Trono de Dios

 

30.    Adorar en espíritu (I)

31.    Adorar en espíritu (II)

32.    Adorar en verdad (I)

33.    Adorar en verdad (II)

34.    Adorar en fe (I)

35.    Adorar en fe (II)

36.    Adorar con esperanza (I)

37.    Adorar con esperanza (II)

38.    Adorar con amor (I)

39.    Adorar con amor (II)

40.    Adorar en santidad (I)

41.    Adorar en santidad (II)

42.    Adorar en humildad (I)

43.    Adorar en humildad (II)

44.    Adorar en humildad (III)

45.    Adorar en humildad (IV)

 

IV.   No estamos solos

 

46.    Plenitud de adoración

47.    Adorar con la creación

48.    Adorar con los justos de la tierra

49.    Adorar con los bienaventurados

50.    Adorar con los ángeles

 

V. Adorar a Dios

 

51.    La adoración se debe a Dios

52.    Intuido en la creación

53.    Conocido en la revelación

54.    Manifestado en el Hijo

55.    Presente por el Espíritu Santo

56.    Adorar al Padre por Cristo

57.    Adorar al Dios Creador

58.    Adorar al Dios Santo

59.    Adorar al Dios Eterno

60.    Adorar al Dios Todopoderoso

61.    Adorar al Dios Omnipresente

62.    Adorar a Jesucristo, Hijo de Dios             

63.    Adorar a Jesucristo, Cordero de Dios

64.    Adorar a Jesucristo Glorificado

65.    Adorar a Jesucristo, Señor y Rey

66.    Adorar a Jesucristo en la Eucaristía